sábado, 9 de junio de 2012

Sada Abe (阿部 定)

Desde un tiempo considerable que me obsesiona una historia, la cual comienza con una familia de clase media-alta tradicional del Japón de principios del siglo XX... Una familia como cualquiera de aquella época y lugar. La protagonista se llamaba Sada Abe.
El padre entrega a la hermana de Sada, Teruko,  como castigo por su entrega al sexo, muy poco propia de una Yamato Nadeshico, a un burdel (una practica común para el estrato social en aquel momento histórico) Su hermano, Shintaro, fue un mujeriego y dilapidador. Y, nuestra heroína, Sada Abe, quién haría una transición de delicada geisha a prostituta del barrio rojo, de prostituta a mucama, de mucama a autora, de autora a actriz y de actriz a camarera "atracción".
No se equivoque estimado lector, no voy a enredarlo con una pormenorizada biografía (hay bastante escrito de ella en la red como para que una simple busqueda no le sacie la curiosidad), me interesa tan solo pensar en la relación de poder que desarrolló con su amante (Kichizo Ishida), su trágico fín y conectarlo, de algún modo, con lo escrito por otra oscura figura, porque en mi mente las palabras de Isidore Ducasse resuenan armónicamente con esta historia, el placer en la crueldad, el destruir y amar al mismo tiempo. Maldoror, con el genero y época trastocados,  mis respetos hacia vos, y tu romántico acto de mutilación...

Sobre Sada Abe

Sobre Isidore Ducasse

Sabor amargo

Siempre retornamos al Memento Mori...
Esta mañana me desperté con la garganta áspera, lastimada y con el sabor amargo de la resaca... En un instante reanimé temas de conversación de borrachos y pensé en los otros mundos que había dejado atrás. Cuando se tira un dado, existen seis posibilidades, si a cada posibilidad se le asigna un comportamiento distinto, en ese momento, uno está creando seis mundos paralelos... 
Pero esas divisiones son más sutiles, a veces una palabra mal dicha, o silenciada, un acercamiento tímido, decidido o solamente pensado a otra persona, todo lo que decidimos hacer y no hacer, callar y confesar... todo genera un sinfín de lineas de tiempo que se desplazan a distintos futuros, cada vez más divergentes. Ahora, me pregunto, ¿por qué siempre uno se siente empujado a elegir el camino mas seguro y aburrido? ¿por qué es tan dificultoso elegir el camino incierto, pero que contiene la promesa un apetitoso desenlace? Te prometo lector, si entendés de qué hablo, que la próxima vez voy a pensar en mis palabras y apostar por el camino incierto para ver si realmente, a su final, me encuentro con un "edén" que yo mismo, por  temor a perderlo antes de encontrarlo, me había prohibido...
Tal vez, en algún momento o realidad paralela tuyo, V. M.