viernes, 4 de octubre de 2013

Preludio

Desde el sótano se escucha una serie de chasquidos secos, seguidos de gritos de dolor... Pero ese dolor es placentero, dulce tanto para el que lo siente como para el que lo provoca, y también para el que lo escucha conociendo su procedencia. Una mujer, en el bar, al escucharlos, sonríe levemente, pasa su lengua por su labio y se toca el elaborado collar de cuero pasando la yema de sus dedos por los contornos del cuero, por los herrajes, por la placa que identifica a su Señor y por el candado que selló definitivamente el pacto.
El feliz poseedor de las iniciales de aquella placa mira desde la puerta mientras la cierra tras pasar. Se acerca lentamente a su esclava, con la cual recorrieron un largo camino. Atrás quedaron los entrenamientos de poses, los limites superados de común acuerdo, las modificaciones del habla, la reconstrucción de la identidad de ella, ahora centrada total y absolutamente en devoción y confianza ciega hacia su Señor. Ella sonríe con los ojos iluminados, sabe que muy pronto sus quejidos van a llenar dulcemente el sótano, e inundar poco a poco la atmósfera del bar.. lo siente en las cuerdas que la atan debajo del tapado, que empiezan a morderla con mayor firmeza, al compás de su expectación, a cada paso que da su Amo y Señor. V. M. R.

No hay comentarios:

Publicar un comentario